
No hubo fumata blanca ni saludo urbi et orbi, pero se ha elegido a un Papa, el Papa Negro. El “cónclave jesuita”, la XXXV Congregación General, después de cuatro días de deliberaciones ha elegido al castellanoleonés Adolfo Nicolás Pachón, en su segundo escrutinio como Praepositus Generalis de la Compañía de Jesús, el vigésimo noveno sucesor de San Ignacio de Loyola al frente la congregación religiosa más numerosa (y destacada) del mundo.
Es interesante y necesario revisar la biografía del nuevo Padre General (que es como afablemente se trata al Superior Jesuita) para saber que rumbo tomará la Compañía de Jesús.
Tiene 72 años y nació en Palencia, Castilla y León en España. Ingresó al noviciado de la compañía en Aranjuez en 1953, siendo ordenado sacerdote catorce años después en 1967; tiempo de preparación nada raro en un jesuita, quienes se preparan con extremo cuidado para el sacerdocio, tras años de estudios filosóficos, teológicos y profanos (que es como le llaman a una profesión seglar, como la de cualquier persona, normalmente una ciencia en la cual regularmente destacan).
Ha realizado la mayor parte de su labor en Asia, 43 años en total, encontrándose tanto en Filipinas, al frente del Instituto Pastoral de Manila (1978-1984), como en Japón, en donde fue rector del Escolástico de Tokio (1991-1993), provincia de la cual fue también superior, además de haber coordinado a todos los jesuitas de Asia y Oceanía.
Se comenta su cercanía a la línea del P. Arrupe, quien se alejó del Vaticano, no obstante, parece que por su “caracter afable”, bien podría nuevamente escuchar al llamado de Benedicto XVI, para regresar a ser los paladines de la Iglesia Católica y vivir plenamente su cuarto voto.
El papa, envió una carta al P. Kolvenbach, antecesor de Nicolás, indicando prudencia en la ”relación entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teología de la liberación y varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales”. Podemos leer en la solicitud de Benedicto XVI, que este por su misma formación y estudios, desea que los jesuitas ocupen el lugar de antaño, pero con la disposición que tenían antes a que se avocaran a la Teología de la Liberación; difícil tarea que el P. Adolfo Nicolás, S.J. deberá asumir, pues si bien él es cercano a esta teología, como lo es la mayor parte de la compañía del siglo XXI, también desea posisionar a la Societatis Iesu más cerca de Roma, pues jesuitas sin Papa no son jesuitas.
Benedicto es muy prudente en todo lo que hace, retornando a la tradición de la Iglesia, que muchos frutos de santidad trae, pero sin permitir que esto cause un impacto (fuerte que conlleva a lo negativo), lo mismo ha de suceder con los Jesuitas, si es que escuchan al Papa.
Nicolás es un reflejo de la actual situación de la Compañía, comprometido con los más desfavorecidos, pero conciliador con Roma, español pero afincado en Asia, continente en el cual tienen la esperanza de supervivencia, pues las escasas vocaciones en Europa y América, hacen predecir que la compañía se perpetuará en filipinos, japoneses, indios y hasta chinos. Esperemos que el nuevo Padre General, siga la senda de San Francisco Javier, Cosme de Torres, fieles a Roma a pesar de estar en Asia y de San Pablo Miki y compañeros, dispuestos a ser obedientes hasta la muerte. +