Virgen Mar�a

Un ajeno defiende a una mujer de un de un inefable chofer de combi, “¡aprénde a respetar! Qué ella también es mujer como tu madre”. Es verdad las mujeres son objeto de respeto y veneración, por el gran regalo que les hizo Dios en el mundo: el concebir; un amigo me dijo “la cosa más sagrada que un hombre puede tener es su madre”; frase con mucha verdad y ya que la Iglesia tiene por Madre a María, la respeta infinitamente y es su ideal de Santidad.

El Santoral guarda para el primer día del calendario a la Virgen Santa María, inmaculada y asunta, la madre de Dios. Pero ¿porqué tanta veneración a esta mujer por parte de los católicos?, recuerdo que siempre los hermanos evangélicos evitan hablar de su santidad o su virginidad, ellos no comprenden el gran amor que la Iglesia como comunidad tiene por ella.

María, es el ideal de santidad a seguir, la creatura más sublime, ¿Por qué los católicos le piden tanto a María y no lo hacen directamente a Jesucristo? Porque pedirle a María es pedirle a Jesucristo, ella es la intercesora por excelencia. Recordemos que el primer milagro de Jesús se hace a instancia suya, en las Bodas de Caná con la transformación del agua en vino. Un Jesús renuente pareciera decirle a María que no intervendría en la falta de vino (vergonzosa situación para una boda judía de la época), pero ella que sabe en su corazón que su hijo es Dios y a pesar de no haber realizado grandes milagros todavía (seguramente si grandes prodigios), le ruega actúe. Y a pesar de no haber llegado su hora [Juan 2:4], Jesús accede a la petición de María, entonces como no guardarle veneración como primera intercesora, la familia acude a María y María a Jesús y a pesar de que todavía no era tiempo de que Jesús hiciera milagros, ¡los hace por su madre!

Vemos a la Virgen María presente en los momentos más importantes de la vida de Jesús, la vemos en su primer milagro y hasta el final, en su crucifixión: mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre [Juan 19: 26 - 27], Jesús le dice a Juan, su discípulo preferido. Viendo este hecho sobrenaturalmente, Jesús no solo se la encarga a Juan, sino a toda la Iglesia, pasada, presente y futura, todos debemos guardar supremo amor a esa mujer, primerísima santa.

Los dogmas entorno a ella no hacen otra cosa que confirmar hechos, que necesariamente la caracterizaban como Madre excelsa de Dios.
La inmaculada concepción, ¿sería posible que Dios naciera de una mujer pecadora? Imposible, Dios no se podía humanizar en una pecadora, no podía alimentarse de la sangre de María en su vientre, si esta era impura. Es necesario que ella no tuviera la mancha primitiva del pecado, herencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva. El Cuerpo de Cristo, es fruto de la semilla de la sombra del Espíritu Santo y de las entrañas inmaculadas de María.
El demonio no podría preciarse de haber sometido la voluntad de María si quiera en una sola oportunidad, esto nos lo garantiza este dogma; por esto es que el demonio detesta más que a cualquier humano, a María, por ser pura, por haberse salvado de ser tocada por su tentación, por ser quien pisa la cabeza de la serpiente, representación del demonio.
¿Qué otra característica presenta el estar libre del pecado original? El no morir con pena y dolor, más que fallecer el “desfallecer”, el que María se haya dormido, hablamos de la creencia en la “dormición de la virgen”, el ilustre mariólogo Garriguet nos dice: María murió sin dolor, porque vivió sin placer; sin temor, porque vivió sin pecado; sin sentimiento, porque vivió sin apego terrenal. Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, como un sueño dulce y apacible; era menos el fin de una vida que la aurora de una existencia mejor. Para designarla la Iglesia encontró una palabra encantadora: la llama sueño o dormición de la Virgen.
Y habiéndose dormido, María asciende en cuerpo y alma al cielo, y seguramente en el cielo como en el quinto misterio glorioso tomado del Apocalipsis [Ap. 12:1] es coronada con estrellas. Como no aceptar el dogma de la Asunción, si ya en el antiguo testamento se relata como Enoc, Elías y Eliseo fueron llevados similarmente a la presencia divina, en carros de fuego y torbellinos, pero es aún mas sublime la Asunción, la Virgen dormida pacíficamente, con un rostro iluminado sobrenaturalmente por el amor que tuvo para con la Iglesia, al ofrecer a su hijo a la muerte de cruz y luego coronada con estrellas, una estampa sublime para rendirse ante ella.

María con los centenares de advocaciones que tiene en el mundo, demuestra su preeminencia entre las creaturas, pues es el ideal de pureza, la máxima santidad humana. Como no dejar de rescatar a la advocación guadalupana en México (que prometemos tratar en un futuro artículo), que es tan sencilla y sorprendemente explicada en el libro del P. Jorge Loring; S.J. Motivos para creer. En la Basílica de Guadalupe se tiene una fotografía de la virgen, sobre una tilma se tiene una imagen a la cual, la ciencia no le encuentra explicación.

Extendernos sobre las apariciones de la virgen a tantos santos como Santa Bernardita Soubirous o a los pastorcillos en Fátima, es necesario pero razón de próximos posts. No puedo terminar este día sin animar a los fieles católicos a tratar de entender que más a una advocación en específico, la veneración debe guardarse y debe amarse a una mujer extraordinaria, que valiente ante el juicio de su sociedad y habiéndose mantenido pura, aceptó el reto de ser madre “soltera” y sobretodo el ofrecimiento que hace por la humanidad al sufrir inmensamente viendo a su hijo morir torturado en la cruz y aún después al ser líder en la comunidad cristiana. Dios quiera también que aquellos que no conocen de las maravillas de la virgen, vean en ella el ideal del cristiano, puro, fiel, obediente, sacrificado. Que ella nos siga concediendo gracias por la intercesión ante su hijo.