La noche del jueves, Cecilia Valenzuela tuvo como interlocutor a un miembro de una Iglesia evangélica el cual levantaba críticas contra el Estado, el cual aseguraba, los discriminaba al favorecer a la Iglesia Católica en aspectos educativos y económicos principalmente. Me parece que no deberíamos jugar un papel de defensores del Estado, ya este hará los descargos necesarios si es que lo considera necesario, sino más bien me parece necesario explicar cuestiones de fondo sobre la preponderancia de una Iglesia sobre otras confesiones.
En primer lugar la formación cultural del Perú, de la misma manera como no podemos negar la identidad española en nuestra cultura, no podemos negar la identidad católica. Existen algunos críticos del catolicismo, que tienen como fundamento la manera como se implantó en el Perú, para rechazar esta fe; pero no podemos mellar la cultura católica en nuestra patria por haber sido impuesta por los conquistadores españoles (método que es totalmente aborrecible), sería tanto como expulsar a todos aquellos que tengan la tez clara pues serían representativos de la conquista española. Debemos aceptar que la cultura nacional es un sincretismo castellano-indígena, no podemos rechazar ninguna de las dos partes, y en ese sincretismo esta presente un catolicismo peruano, no reconocer esto es, en parte, negar nuestra cultura y el Estado esta obligado a reconocerlo.
En segundo la Iglesia directamente beneficia al Estado económicamente, ¿Cómo así? Pues el turismo depende en una importante parte, de las festividades realizadas en torno a la veneración de la feligresía en determinadas fechas, sería mezquino negar una ayuda económica a la Iglesia siendo esta la encargada de realizar o en su defecto dirigir y coordinar eventos multitudinarios como los organizados en torno a la Solemnidad del Corpus Christi en Cuzco o la Purificación de la Virgen o Candelaria en Puno, para continuar en el sur, regiones como Arequipa, deben su turismo a dos factores la majestuosidad de su naturaleza (Valle del Colca) y a su arquitectura religiosa católica, lo mismo que en todos los andes. La Iglesia Católica jamás podría mercantilizar la fe, por ello es que no podría pasarle la factura al Estado por los miles de turistas que atraen sus fieles, ni tampoco cobrar una entrada por la visita a cada Iglesia[1] de la ciudad; atendiendo a este factor es que el Estado, rechazando una actitud mezquina, reconoce el valor que tiene la Iglesia en este sentido. Sin ánimo de atacar a nuestros hermanos separados pero estos nunca podrían asumir este papel, incluso, muchos de sus miembros desprecian la religiosidad popular que se representan en estas festividades.
En segundo lugar debemos tener en cuenta la inmensa obra social católica, los miles de colegios nacidos de organizaciones católicas, la cantidad de hospitales que funcionan en nuestro país se deben a la iniciativa de curas católicos, veamos la obra de instituciones como Cáritas, Fe y Alegría, El Hogar de Cristo, Hogares-clínica San Juan de Dios.
Se dice que la Iglesia Católica llego con ganas de destruir, y hay que diferenciar lo que hizo la corona española (“despiadada disposición para aniquilar, a sangre y fuego, a los aborígenes que poblaban estas tierras”) y lo que hizo la Iglesia Católica de mano del P. Bartolomé de las Casas, quién bien podría ser el primer defensor de los indígenas americanos, o la gran obra de las reducciones jesuíticas, los sacerdotes católicos evangelizaron un continente inhóspito, hostil, desconocido absolutamente, mucho más fácil hubiera sido evangelizar en un continente donde hay tolerancia religiosa, se habla el mismo idioma, y ya hay una base cristiana sobre la cual trabajar, ya quisieran los padres misioneros haber tenido tales ventajas para expandir su fe.
En suma no prestar una colaboración a la Iglesia Católica Peruana, sería despreciar la trascendental ayuda moral y espiritual de esta a todos los peruanos y sería también negar valores culturales que nos ayudan a identificarnos con nuestra nacionalidad, desconocerlo sería tanto como que Italia negara el valor de la Ciudad del Vaticano o que Grecia negara la soberanía que tienen los monjes ortodoxos sobre la península del monte Athos. Debemos mantener la convivencia entre los fieles de las diferentes iglesias, pues todos somos peruanos, sin atentar contra la institucionalidad que la mayoría y el Estado le ha otorgado a la otra.