Son pasadas las cinco de la mañana y veo dos señales de televisión intermitentemente, en una la televisión italiana transmite la celebración eucarística es llevada a cabo por un obispo acompañado por varios sacerdotes y una corte de acólitos, él celebra solemnemente el rito, acompañado de un numeroso coro y un gran órgano, todo en una catedral de impresionantes dimensiones y profusamente decorada; monseñor lee su homilía, una exégesis de diversos textos sobre la natividad del Señor. La otra señal, una televisora brasileña muestra a otro obispo y un presbítero, que conversan a manera de sermón afable para instruir a su feligresía, terminada esta “conversación-homilía” el obispo desciende del presbiterio hacia para bendecir con agua a la multitud apostada en una iglesia muy similar a un gran auditorio, cerca del altar el sacerdote improvisa una pegajosa canción con los nombres de las localidades, que llevan escritos en carteles una gran cantidad de católicos, en lo que parecería un concierto, por su ánimo e inusitado fervor.
¿Con cuál celebración te identificas más?
Existen varias razones por las cuáles un “católico” decide de dejar se serlo, para vivir la espiritualidad de otra confesión religiosa. El Dr. José Luis Pérez Guadalupe nos detalla que una de estas principales razones es la forma de celebrar la liturgia: «los grupos (Iglesias no-católicas) más aceptados por el pueblo peruano son aquellos que presentan liturgias alegres, entusiastas, vividas y llenas de sentimientos religioso, con cantos, testimonios, y participación directa de la gente… Si seguimos comparando el entusiasmo en las liturgias y el número de miembros, veremos que hay una relación directa. Conforme las liturgias se van formalizando y poniendo rígidas también va a disminuir el número de miembros. Podemos inferir de esto que el pueblo peruano tiene sus marcadas preferencias por aquellos grupos que les dan esa alegría de vivir, ese entusiasmo religioso, esas liturgias sentidas y emotivas que muchas veces hemos descuidado en la Iglesia Católica. Como bien señala el P. Idígoras: “En general, la liturgia oficial católica suele ser más ordenada y didáctica. Más sobria y más dirigida a la instrucción, a la transformación social, a las obligaciones morales. Maneja un discurso más teórico y racional y rehúsa cuanto pueda oler a sentimentalismo. Por eso el pueblo no se siente captado por ella y prefiere sus ritos populares e informales, de espaldas a los ministros de la Iglesia. Y por esa misma razón, cuando encuentran liturgias formales más emotivas y comunicativas, se sienten atraídos fuertemente”.» [1]
Si prestamos atención a lo indicado por el P. Idígoras, citado por Pérez Guadalupe, la liturgia católica se luce por tener a grandes exegetas y teólogos de renombre mundial, incluso en nuestro país, son siempre sacerdotes católicos los que resaltan en los campos relativos a humanidades, a diferencia de los pastores evangélicos, y esto se ve reflejado en la liturgia, siendo lo más común en nuestros templos que hayan sacerdotes con liturgias similares a las del obispo italiano, mientras que la sencillez (en algunos grupos podría ser la pobre instrucción) de los pastores evangélicos los hace más cercanos al pueblo. Ahora bien, no podemos decir que siempre la liturgia tenga que ser tan solemne y tampoco es que todos gusten de liturgias tan emotivas, pero la Iglesia tiene que estar lista para responder a las necesidades de la feligresía, como hemos visto en Brasil acercándose más a una celebración alegre y algo emotiva.
Un punto a favor de la Iglesia Católica es que la liturgia puede ser celebrada de muchas maneras, el sacerdote puede disponder de muchos elementos. Pero otra cosa importante es que la Iglesia muestre las muchas formas de celebrar que existen, si un sector de la población tiene más afinidad con una celebración emotiva y sencilla, indicarles a que parroquias, congregaciones religiosas o movimientos católicos acercarse, lo mismo para aquellos que prefieran una celebración solemne. Y esta exigencia debe hacerse a todos los católicos, no basta con hacer excusas pobres y sin fundamento, irse por el camino fácil, renunciar a la Iglesia.
Muchos preferimos una ceremonia que cuente con varios acólitos (cruz de procesión, turiferario, un diácono que lleve el misal o evangeliario, etc) pero preferimos que la misa se acompañe con un coro más animado y con cantos con letras más emotivas que nos ayudan a comprender a los asistentes el misterio de la presencia real de Cristo en la eucaristía, finalmente, eso depende de tal diversidad de factores que solo responden a la necesidad personal e íntima que cada uno tiene para vivir el cristianismo (necesidad que por supuesto no debe ir en contra de los dogmas de fe, que son una manera de ayudarnos a entender estos misterios sin caer en una interpretación que niegue o disminuya la identidad humana, divina y eclesial de Cristo) y que si la Iglesia nos permite vivirla según nuestra forma de ser, entonces bienvenidas sean las muchas maneras de celebrar y el ánimo a no renunciar a toda la verdad que Cristo nos legó, solo por no ir a buscar un poco mas allá, aquello que necesitamos y podemos encontrar.
[1]Pérez Guadalupe, José Luis. Ecumenismo, Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos. Paulinas/Diócesis Chosica. Lima, 2002. Pp. 351 y 352.