Diciembre 2007


En estos días es común ver a unos católicos diferentes, por las calles pasan desapercibidos y la primera impresión que uno se llevaría de ellos, es que son personas tan comunes y silvestres como cualquier abogado, médico o sociólogo, no obstante, al interactuar con ellos uno nota que tienen algo diferente, las palabras que pronuncian no tienen un sentido mundano como el de cualquier profesional y es que tras el Concilio Vaticano II, existen un nuevo género de católicos, el laico consagrado.Antes del Vaticano II, podemos encontrar como antecedente a este género, a las órdenes terciarias (principalmente dominicos y franciscanos) y a aquellos laicos que se comprometían con sus parroquias y no contraían matrimonio, pero no tenían un compromiso directo con ninguna institución de la Iglesia.En el siglo XX el nacimiento de nuevas Congregaciones e institutos, que influenciadas por los textos conciliares (como el Capítulo V de la Lumen Gentium), abrieron la posibilidad de que haya católicos que no tienen como carisma recibir las sagradas órdenes, pero si aspiran a vivir para la Iglesia, incluso llevando una vida en comunidad con otros miembros.Lo que diferencia a un laico consagrado de otro consagrado, es que no estos no son religiosos como ya seguramente se ha deducido, viven en el siglo y tienen ocupaciones como cualquier otra persona, no obstante tienen un compromiso permanente con algún Instituto, Sociedad o Congregación de la Iglesia; esta incardinación los compromete a aceptar obligaciones ya sean consigna de la Institución o si provienen de la voz de un superior, llevan una intensa vida sacramental (eucaristía y penitencia), una disposición absoluta para el apostolado, dirección espiritual y permanecen en el celibato.

Este tipo de vocaciones se ha incrementado mucho a través de la Prelatura Personal del Opus Dei, quienes cuentan con millares de numerarios, que si bien no tienen una vida comunitaria, si tienen un compromiso pleno con la obra fundada por San José María Escrivá, quien probablemente es el pionero en la institucionalizar la figura del laico consagrado. Estos viven bajo órdenes de los superiores de la Prelatura, pero no obstante, gozan de bastante libertad para desarrollarse en el mundo.Para continuar en nuestra realidad latinoamericana y siguiendo un orden cronológico, encontramos al Regnum Christi, la rama laical de los Legionarios de Cristo, la cual se ha consagrado a una gran labor en el mundo. Fundada por el sacerdote mexicano Marcial Maciel, este movimiento cuenta con diversos niveles de compromiso, los seglares consagrados que sirven al movimiento a tiempo completo y que tienen una vida comunitaria y están también aquellos que viven en familia pero no por eso dejan de tener una participación importante con la Iglesia.

Otro movimiento que cuenta con laicos consagrados, que tiene gran importancia, nacido en nuestro continente es el Instituto del Verbo Encarnado, que al igual que los Legionarios / Regnum Christi cuenta con sacerdotes, laicos consagrados y laicos comprometidos. Cabe destacar que el IVE también tiene una rama contemplativa con monasterios en Perú, Argentina, Jordania y en otras partes del mundo.Perú también ha aportado movimientos de laicos consagrados, siendo el más antiguo la Sociedad Familiar Eclesial Unión Lumen Dei, fundad en 1968 por el Padre Rodrigo Molina Rodríguez S.J. la cual esta constituida por tres sectores el Sacerdotal, el Femenino Comunitario y el matrimonial que “están unidos por los mismos fines y bajo una única autoridad”. También encontramos en el Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad de vida apostólica que tiene mayor amplitud, fundada en 1978 por Luis Fernando Figari, ha tenido un rápido crecimiento en América Latina y Europa. Los sodálites viven comunitariamente tanto sacerdotes como laicos consagrados, además tienen una rama femenina de laicas consagradas, las Fraternas y una de religiosas, las Siervas del Plan de Dios. Si bien forma parte de la familia Sodálite, el Movimiento de Vida Cristiana no esta conformados por sodálites, sino por laicos que se según sean matrimonios, adultos o jóvenes, participan estrechamente con el SVC. Cabe destacar que de las organizaciones mencionadas solo el Sodalicio, tiene por Superior General (también de los sacerdotes) a un laico.

El más joven de los movimientos laicales de origen peruano, es el Movimiento Avanzada Católica, una asociación pública de fieles, que es el reflejo laico de Pro Ecclesia Sancta, congregación fundada por el sacerdote español Pablo Menor S.J. A diferencia de los otros movimientos; Avanzada Católica no hace distingo entre los compromisos de sus miembros, tanto religiosos como laicos, trabajan estrechamente en los proyectos encomendadas por los superiores, y comparten los mismos compromisos, en un espíritu de familia. La iglesia siempre en un progreso incesante, no ha buscado descuidar a los laicos y tras el concilio, les ha dado un papel importantísimo en el apostolado y crecimiento del Cuerpo de Cristo, las ventajas de un seglar consagrado al servicio de la Iglesia son muchas, es tiempo de que todos sepan que hay tanto vocación para el sacerdocio, como para el matrimonio y para ser un laico consagrado, las posibilidades para servir a Cristo son muchas y buscan crear una cultura de cristiana en un mundo cada vez más descristianizado .

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En una inesperada búsqueda de libros, encontré en un puesto ubicado al frente de la Iglesia de donde participo de la misa dominical, uno con un tentador título: «Jesuitas y Masones», el libro asegura ser de autoría de Töhötöm Nagy, un jesuita húngaro que es liberado de sus votos y se infiltra en la organización francmasónica para descubrir el velo que la cubre.

Más allá de tratar el tema de las relaciones entre tan antiguas instituciones como la Iglesia Católica y la Masonería (nadie puede ser católico y masón, pues la filiación a una logia le vale a uno la excomunión latae sententiae) que espero sean motivo de otro artículo, quisiera tratar más al detalle un pasaje del libro en el cual habla de una norma que para estos tiempos podríamos llamar singular. Los estatutos de la Compañía de Jesús, indican que el tuteo no debe permitirse entre los hermanos hijos de San Ignacio de Loyola, no obstante, en la actualidad se ha permitido dicho tratamiento entre los miembros, vaya error.

Como lo indica el ex-jesuita en su libro, este tuteo, conlleva a un trato confianzudo, entonces después en momentos donde es necesaria la aplicación de la férrea discplina militante que caracteriza a la regla escrita por San Ignacio, será ver más difícil ver como una figura de autoridad a cualquier miembro de la Compañía, si en vez de responderle ante una llamada de atención, “verá, hermano, que mejoraré” le respondiera “no te preocupes hermano”. Es más asegura que luego este trato confianzudo deja el camino mucho más allanado para insultar a otro miembro de la Orden.

La Compañía de Jesús, junto con los Cartujos, ha sido la única congregación religiosa en no haber sido reformada nunca, cuatrocientos años de cumplir la exigente regla aprobada por la bula Regiminis militantis ecclesia de Paulo III y escrita por el autor de los Ejercicios Espirituales, no había permitido la introducción de lenitivos, ni cuando estos venían directamente por mandato papal. No obstante estos últimos tiempos en los cuales hasta usar sotana, se ve como algo medieval, la introducción de estos relajamientos solamente conducen a crisis dentro de las órdenes religiosas y así hemos visto la necesidad de aplicar reformas dentro de las órdenes monásticas como los cluniacenses que reforman a los benedictinos, que a su vez son reformados por los cistercienses para luego dar lugar a los trapenses, o a los capuchinos que retoman el espíritu inicial de San Francisco de Asís.
Quizás es tiempo de que el espíritu ignaciano nuevamente sea llevado a su espíritu inicial, retomar lo antiguo, lo “medieval”, lo cual a pesar de lo que pueda indicar el mundo actual, asegura no solamente vocaciones sino una exigencia que garantiza un trabajo agradable a Dios. Los nuevos movimientos religiosos están tomando esta militancia jesuítica y son atacados ferozmente por aquellos que denuncian que estos métodos son “lavados de cerebro”, no me queda más que recomendarles que lean el libro de un ex-católico (repito no se puede ser masón y ser católico) que explica al detalle lo que ellos consideran anormal, oculto, soterrado, métodos que el mundo aborrece. Bien puede el mundo haber cambiado y “recién” darse cuenta que existen estos métodos, no obstante la Iglesia no ha cambiado y es necesario decir que estos métodos han estado en sus narices desde hace cuatrocientos años.

La noche del jueves, Cecilia Valenzuela tuvo como interlocutor a un miembro de una Iglesia evangélica el cual levantaba críticas contra el Estado, el cual aseguraba, los discriminaba al favorecer a la Iglesia Católica en aspectos educativos y económicos principalmente. Me parece que no deberíamos jugar un papel de defensores del Estado, ya este hará los descargos necesarios si es que lo considera necesario, sino más bien me parece necesario explicar cuestiones de fondo sobre la preponderancia de una Iglesia sobre otras confesiones.

 

En primer lugar la formación cultural del Perú, de la misma manera como no podemos negar la identidad española en nuestra cultura, no podemos negar la identidad católica. Existen algunos críticos del catolicismo, que tienen como fundamento la manera como se implantó en el Perú, para rechazar esta fe; pero no podemos mellar la cultura católica en nuestra patria por haber sido impuesta por los conquistadores españoles (método que es totalmente aborrecible), sería tanto como expulsar a todos aquellos que tengan la tez clara pues serían representativos de la conquista española. Debemos aceptar que la cultura nacional es un sincretismo castellano-indígena, no podemos rechazar ninguna de las dos partes, y en ese sincretismo esta presente un catolicismo peruano, no reconocer esto es, en parte, negar nuestra cultura y el Estado esta obligado a reconocerlo.

 

En segundo la Iglesia directamente beneficia al Estado económicamente, ¿Cómo así? Pues el turismo depende en una importante parte, de las festividades realizadas en torno a la veneración de la feligresía en determinadas fechas, sería mezquino negar una ayuda económica a la Iglesia siendo esta la encargada de realizar o en su defecto dirigir y coordinar eventos multitudinarios como los organizados en torno a la Solemnidad del Corpus Christi en Cuzco o la Purificación de la Virgen o Candelaria en Puno, para continuar en el sur, regiones como Arequipa, deben su turismo a dos factores la majestuosidad de su naturaleza (Valle del Colca) y a su arquitectura religiosa católica, lo mismo que en todos los andes. La Iglesia Católica jamás podría mercantilizar la fe, por ello es que no podría pasarle la factura al Estado por los miles de turistas que atraen sus fieles, ni tampoco cobrar una entrada por la visita a cada Iglesia[1] de la ciudad; atendiendo a este factor es que el Estado, rechazando una actitud mezquina, reconoce el valor que tiene la Iglesia en este sentido. Sin ánimo de atacar a nuestros hermanos separados pero estos nunca podrían asumir este papel, incluso, muchos de sus miembros desprecian la religiosidad popular que se representan en estas festividades.

En segundo lugar debemos tener en cuenta la inmensa obra social católica, los miles de colegios nacidos de organizaciones católicas, la cantidad de hospitales que funcionan en nuestro país se deben a la iniciativa de curas católicos, veamos la obra de  instituciones como Cáritas, Fe y Alegría, El Hogar de Cristo, Hogares-clínica San Juan de Dios.
Se dice que la Iglesia Católica llego con ganas de destruir, y hay que diferenciar lo que hizo la corona española (“despiadada disposición para aniquilar, a sangre y fuego, a los aborígenes que poblaban estas tierras”) y lo que hizo la Iglesia Católica de mano del P. Bartolomé de las Casas, quién bien podría ser el primer defensor de los indígenas americanos, o la gran obra de las reducciones jesuíticas, los sacerdotes católicos evangelizaron un continente inhóspito, hostil, desconocido absolutamente, mucho más fácil hubiera sido evangelizar en un continente donde hay tolerancia religiosa, se habla el mismo idioma, y ya hay una base cristiana sobre la cual trabajar, ya quisieran los padres misioneros haber tenido tales ventajas para expandir su fe.

En suma no prestar una colaboración a la Iglesia Católica Peruana, sería despreciar la trascendental ayuda moral y espiritual de esta a todos los peruanos y sería también negar valores culturales que nos ayudan a identificarnos con nuestra nacionalidad, desconocerlo sería tanto como que Italia negara el valor de la Ciudad del Vaticano o que Grecia negara la soberanía que tienen los monjes ortodoxos sobre la península del monte Athos. Debemos mantener la convivencia entre los fieles de las diferentes iglesias, pues todos somos peruanos, sin atentar contra la institucionalidad que la mayoría y el Estado le ha otorgado a la otra.

Son pasadas las cinco de la mañana y veo dos señales de televisión intermitentemente, en una la televisión italiana transmite la celebración eucarística es llevada a cabo por un obispo acompañado por varios sacerdotes y una corte de acólitos, él celebra solemnemente el rito, acompañado de un numeroso coro y un gran órgano, todo en una catedral de impresionantes dimensiones y profusamente decorada; monseñor lee su homilía, una exégesis de diversos textos sobre la natividad del Señor. La otra señal, una televisora brasileña muestra a otro obispo y un presbítero, que conversan a manera de sermón afable para instruir a su feligresía, terminada esta “conversación-homilía” el obispo desciende del presbiterio hacia para bendecir con agua a la multitud apostada en una iglesia muy similar a un gran auditorio, cerca del altar el sacerdote improvisa una pegajosa canción con los nombres de las localidades, que llevan escritos en carteles una gran cantidad de católicos, en lo que parecería un concierto, por su ánimo e inusitado fervor.

¿Con cuál celebración te identificas más?

Existen varias razones por las cuáles un “católico” decide de dejar se serlo, para vivir la espiritualidad de otra confesión religiosa. El Dr. José Luis Pérez Guadalupe nos detalla que una de estas principales razones es la forma de celebrar la liturgia: «los grupos (Iglesias no-católicas) más aceptados por el pueblo peruano son aquellos que presentan liturgias alegres, entusiastas, vividas y llenas de sentimientos religioso, con cantos, testimonios, y participación directa de la gente… Si seguimos comparando el entusiasmo en las liturgias y el número de miembros, veremos que hay una relación directa. Conforme las liturgias se van formalizando y poniendo rígidas también va a disminuir el número de miembros. Podemos inferir de esto que el pueblo peruano tiene sus marcadas preferencias por aquellos grupos que les dan esa alegría de vivir, ese entusiasmo religioso, esas liturgias sentidas y emotivas que muchas veces hemos descuidado en la Iglesia Católica. Como bien señala el P. Idígoras: “En general, la liturgia oficial católica suele ser más ordenada y didáctica. Más sobria y más dirigida a la instrucción, a la transformación social, a las obligaciones morales. Maneja un discurso más teórico y racional y rehúsa cuanto pueda oler a sentimentalismo. Por eso el pueblo no se siente captado por ella y prefiere sus ritos populares e informales, de espaldas a los ministros de la Iglesia. Y por esa misma razón, cuando encuentran liturgias formales más emotivas y comunicativas, se sienten atraídos fuertemente”.» [1]

Si prestamos atención a lo indicado por el P. Idígoras, citado por Pérez Guadalupe, la liturgia católica se luce por tener a grandes exegetas y teólogos de renombre mundial, incluso en nuestro país, son siempre sacerdotes católicos los que resaltan en los campos relativos a humanidades, a diferencia de los pastores evangélicos, y esto se ve reflejado en la liturgia, siendo lo más común en nuestros templos que hayan sacerdotes con liturgias similares a las del obispo italiano, mientras que la sencillez (en algunos grupos podría ser la pobre instrucción) de los pastores evangélicos los hace más cercanos al pueblo. Ahora bien, no podemos decir que siempre la liturgia tenga que ser tan solemne y tampoco es que todos gusten de liturgias tan emotivas, pero la Iglesia tiene que estar lista para responder a las necesidades de la feligresía, como hemos visto en Brasil acercándose más a una celebración alegre y algo emotiva.

Un punto a favor de la Iglesia Católica es que la liturgia puede ser celebrada de muchas maneras, el sacerdote puede disponder de muchos elementos. Pero otra cosa importante es que la Iglesia muestre las muchas formas de celebrar que existen, si un sector de la población tiene más afinidad con una celebración emotiva y sencilla, indicarles a que parroquias, congregaciones religiosas o movimientos católicos acercarse, lo mismo para aquellos que prefieran una celebración solemne. Y esta exigencia debe hacerse a todos los católicos, no basta con hacer excusas pobres y sin fundamento, irse por el camino fácil, renunciar a la Iglesia.

Muchos preferimos una ceremonia que cuente con varios acólitos (cruz de procesión, turiferario, un diácono que lleve el misal o evangeliario, etc) pero preferimos que la misa se acompañe con un coro más animado y con cantos con letras más emotivas que nos ayudan a comprender a los asistentes el misterio de la presencia real de Cristo en la eucaristía, finalmente, eso depende de tal diversidad de factores que solo responden a la necesidad personal e íntima que cada uno tiene para vivir el cristianismo (necesidad que por supuesto no debe ir en contra de los dogmas de fe, que son una manera de ayudarnos a entender estos misterios sin caer en una interpretación que niegue o disminuya la identidad humana, divina y eclesial de Cristo) y que si la Iglesia nos permite vivirla según nuestra forma de ser, entonces bienvenidas sean las muchas maneras de celebrar y el ánimo a no renunciar a toda la verdad que Cristo nos legó, solo por no ir a buscar un poco mas allá, aquello que necesitamos y podemos encontrar.

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